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miércoles, 13 de febrero de 2013

SHIRAZ ó SYRAH

En mi última publicación hablaba de como algunos vinos nos sorprenden gratamente entre una cosecha y otra, ya sea el enólogo, las condiciones climáticas, las prácticas en campo o simplemente un cambio de actitud de la bodega; y así como se puede darse para evolución, en otras ocasiones lo que se busca es hacer el vino más juvenil o comercial perdiendo posiblemente la forma en la cual lo veíamos. Es por ello que hoy quiero recomendarles nuevas alternativas de una de mis cepas predilectas - La SHIRAZ

Los Australianos adoptaron el nombre SHIRAZ para diferenciar sus vinos de los Syrah producidos en el viejo mundo, que, al llegar a tierras Oceánicas cambiaron sus características - obviamente - debido al inclemente sol del país de los canguros. El nombre SHIRAZ probablemente fue inspirado en la ciudad homónima de Irán (antigua Persia) donde por años se ha especulado como origen de esta cepa, pero investigaciones recientes han demostrado que la SYRAH es en realidad un cruce entre las variedades francesas Dureza (tinta) y Mondeuse Blanche (blanca), uvas nativas del Valle de Rodano y que prácticamente han pasado al olvido sin llegar a conocer la fama que actualmente ostenta su retoño.

Australia es también uno de los principales impulsores del uso de la "Tapa Rosca", obviamente para vinos jóvenes que no necesiten mayor evolución o la micro-oxigenación que puede brinda el corcho de alcornoque, pero ojo, no estoy diciendo que uno sea mejor que el otro; simplemente los vinos jóvenes serán mucho más frescos y la guarda en ellos será prácticamente injustificada.

The Little Penguin - Shiraz (2010) es un vino que, aunque no me impresionó mucho en pinta, es actualmente - para mi - un gran exponente de lo que debe ser un SHIRAZ australiano; con un 13.5% de Alcohol no muestra en primera nariz los tonos "chocolate" tan característicos en esta cepa junto con avainillados y tostados que se disipan al mover la copa dando paso a los aromas tartáricos; un color morado rojizo nos invita a degustar sabores que van desde el caramelo, tostados y acidez láctica y tartárica que después del reposo evolucionan al amargo/dulce de un chocolate bitter junto con los avainillados que sentimos en la primera fase olfativa.

Como de costumbre, lo invito a probarlo, de preferencia a temperaturas entre 16- 18°C, y a buscarle posibles acompañantes. Cuéntennos sus experiencias y sobretodo disfrútenlas por mi parte me despido, como siempre esperando aportar un poquito más a su cultura enológica, sigan bebiendo y ¡Salud-os! 

Consulte también:

http://lescepages.free.fr/cepmc.html