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miércoles, 7 de enero de 2015

DE BACO AL PISCO


Del muslo de Zeus vino al mundo el dos veces nacido Dionisio - Baco para los Romanos - el cual tuvo que crecer oculto de Hera ya que - como la mayoría de hijos de Zeus - era producto de alguna aventurilla del siempre "calentón" Dios del Trueno. El Monte de Nisa fue el lugar donde creció, rodeado de las musas, los sátiros y demás criaturas del bosque que le enseñarían las artes y sobretodo como pasarlo bien, hasta la edad de 15 años donde ya hecho un hombre su padre - Zeus - entregósele una delgada planta de escasas hojas diciéndole: "se llama Vitis y con el jugo de sus frutos, las uvas, alimentarás y saciarás la sed de la gente y les proporcionaras amistad, alegría y buena voluntad, que es lo que más necesitan los hombres. Tú Dionisio de Tebas, serás el encargado de cuidar esta nueva especie. reproducirla y extenderla por el mundo entero. Que la fuerza divina te ilumine y acompañe." Desde este momento las aventuras de Dionisio serían incontables y de su hija la Vid nacería el vino para la alegría de los primeros hombres.

El vino sería ampliamente consumido por muchas culturas del viejo mundo, egipcios, griegos, romanos, fenicios, culturas orientales e incluso los chinos bebían de los jugos de la Vid, más la gran mayoría de culturas lo consumirían mezclado con leche, miel y hasta frutas (solo los judíos lo consumían puro por respeto a Dios); la Vid - protagonista de esta historia - no era valorada como tal, pues las mezclan alteraban su sabor, su esencia, siendo relegadas sus bondades a un segundo plano.

Los experimentos de la ALQUIMIA llevaron más adelante a separar el alcohol del vino, sacando de esta manera el ESPÍRITU de este y creándose las bebidas espirituosas (valga la redundancia), comenzando su uso como sustancias medicinales pero, posteriormente, se emplearía nuevamente para dar alegría al hombre. La Vid era nuevamente feliz pues era esta vez su esencia la que hacia felices a los hombres; pero la alegría no le duraría mucho pues un "accidente" durante las guardas de estos aguardientes en los toneles de madera (Roble) darían un nuevo gusto a estos destilados que cautivaría al viejo mundo y relegaría nuevamente a los sabores de la vid a un plano secundario.

Con el descubrimiento de nuevas tierras la Vid viajaría a la conquista de estas y con ello la posibilidad de conseguir nuevos adeptos, llegando a América y posteriormente al Perú donde su estancia sería tan plácida que ella comenzaría a crecer, expandirse y producir vinos como nunca lo había hecho antes, con rendimientos que jamás habían sido registrados en la historia, generando envidia en el viejo mundo, pero aún más que ello, viendo peligrados sus negocios; es así que la corona española restringiría la producción de vino en dichas colonia. Una nueva desdicha para nuestra protagonista que parecía condenada a nunca tener una felicidad completa.

"Cuando una puerta se cierra, otra se abre" y para la Vid estaba apunto de abrirse una de las que había esperado durante toda su estancia con los hombres pues, la prohibición de comercio de los vinos en el Virreinato obligó a los hombres de estas tierras a comenzar a destilar, sacando nuevamente el espíritu de esta, pero el roble no era común por estos lares, así que - como lo hacían las antiguas culturas pre-colombinas - comenzaron a guardar este aguardiente en tinajas de barro llamadas PISCOS; los grandes rendimientos de estas tierras daban aguardientes de intensas fragancias, y el elevado grado de azúcar hizo innecesarias las múltiples destilaciones (cosa común en el viejo mundo) por lo que el ESPÍRITU de la Vid era por fin libre para hacer lo que su padre Dionisios le había encargado - hacer felices a los hombre.

Cuando quieras probar la esencia propia de la Vid sin agua, sin madera, sin múltiples destilaciones (que no hacen más que purificar el alcohol y relegar las bondades de la uva) tiene que beber PISCO, y si comienza a sentir calor después del primer trago, no es más que el espíritu de la Vid haciendo lo que mejor sabe hacer, brindar felicidad a los hombres. Sigan comiendo y bebiendo bien y ¡SALUD-OS!